Uno más grande que Behemont y Leviatán

(Tiempo estimado: 2 - 3 minutos)

Muy pocas personas han experimentado los sufrimientos que Job tuvo que vivir: perder a sus hijos, sus bienes y a sus empleados en un mismo día; y luego, casi inmediatamente, perder su salud. Añadido a toda la tragedia, su esposa le receta que se olvide de Dios y sus tres “amigos cercanos” le acusan de ser el responsable de todas sus calamidades. Cuando leemos el libro de Job muy pronto podemos sentir la desesperación y frustración en la que entra el personaje.  Y nos preguntamos, ¿por qué lo permitió Dios? ¿Por qué al justo de Job? 
Según R.C Sproul, “en el corazón del libro de Job está la sabiduría respecto a la respuesta a la pregunta de cómo Dios está involucrado en el problema del sufrimiento humano” (Subrayado agregado) Según Sproul, la sabiduría que responde a la pregunta del sufrimiento no es saber por qué tengo que sufrir de un modo particular, en un momento particular, y en una circunstancia particular” sino reconocer dónde descansa mi esperanza en medio del sufrimiento.

Después de las frases amargas de su esposa, las acusaciones de sus amigos, de algo de sabiduría de Eliú y de las quejas de Job -donde finalmente maldice el día en que nació-, Dios habla directamente con él. Sin embargo, en lugar de darle explicaciones, el Señor comienza con una serie de preguntas retóricas para que Job pueda salirse de su “ensimismamiento” y medite en las cosas que claramente, solo Dios puede hacer. Dios responde a Job con Sí mismo. En su discurso donde le pregunta dónde estaba él cuando la tierra fue formada, después de hablar acerca de creaciones imponentes del Universo, Dios le menciona como ejemplos a un par de criaturas poderosas de la tierra: Behemot y Leviatán. Este par de monstruos nos recuerdan, nada menos y nada más que ¡a los dinosaurios! ¿Qué niño no se ha sentido impresionado y atraído ante el tamaño y fuerza de estos enormes animales extintos? ¿Qué otra criatura que conozcamos puede hacernos sentir tan diminutos o indefensos? Y nos lleva a preguntarnos, si Dios creó a esos enormes y poderosos animales, y definió su principio y su fin ¿será poco su poder ante mi sufrimiento? El apóstol Pablo nos dice “…si ahora sufrimos con Él, también tendremos parte con Él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros” (Romanos 8: 17b-18) 
No siempre podemos evitar el sufrimiento. Sin embargo, será muy diferente si sufrimos con Él, poniendo nuestra esperanza en Jesús. Tenemos la seguridad de que Su gloria, que se manifestará en nosotros en algún momento, será mayor que todo sufrimiento. 

Es nuestra intención que la lección titulada “Uno más grande que Behemot y Leviatán” sirva para que, junto con nuestros niños y niñas, podamos meditar en la grandeza y poder de nuestro Dios ante nuestro sufrimiento, cualquiera que sea. Él, siendo más grande que toda su creación, se hizo pequeño, como uno de nosotros y declaró “Yo les he dicho estas cosas para que EN MÍ HALLEN PAZ. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo” (Juan 16: 33).

Señor, que nuestra esperanza y paz no provengan de la ausencia de sufrimiento en nuestra vida, sino de vos, grande, poderoso, amoroso, eterno y soberano.

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